domingo, 17 de marzo de 2013

Lírica culta del siglo XV. El amor cortés.

El siglo XV se conoce como el "otoño de la Edad Media". Se produce un cambio social y de mentalidad que llevará hasta el Renacimiento. El siguiente vídeo lo explica, así como el origen y definición de los cancioneros, el origen de la literatura cortesana, la temática (la fortuna, el amor y la muerte), el amor cortés, la poesía didáctica y moral, Las danzas de la muerte...


Pero hablemos del amor cortés... 

El amor cortés (o fins’ amors) es una filosofía del amor que floreció en la Provenza francesa (Francia occidental)  a partir del siglo XI y estuvo en boga desde la Baja Edad Media y Renacimiento. Aunque en sus
comienzos el tono de los poemas era altamente erótico, con el paso del tiempo y la refinación de la técnica, la relación entre los dos enamorados fue transformándose en un amor puro, en un juego secreto entre una mujer y un hombre que llega a alcanzar el estado máximo de virtuosismo[1].
Así pues, el amor cortés se basa en una concepción platónica y mística del amor, fundamentada en la sublimación de la dama, y que se puede resumir en los siguientes puntos: 
  • La amada es siempre distante, casi inalcanzable, y perfecta tanto física como moralmente (siempre es descrita como una mujer muy bella e inteligente, capaz de embaucar con una simple mirada a cualquier hombre que tenga delante), de modo que posee todas las virtudes, tanto físicas como morales, y por ello es considerada una diosa.
  • En ocasiones la dama suele poner obstáculos a la relación (rechaza al amado para hacerle sufrir, es fría, indiferente, e incluso puede estar casada) y es ella la que toma a decisión de aceptar o no la amistad y el amor de su pretendiente. Así pues, es un amor libremente elegido, al contrario que el matrimonio (recordemos que éste era entonces un mero acuerdo entre familias y que se llevaba a cabo por conveniencia).
  • Al tratarse en  ocasiones de un amor “prohibido” (en el sentido de que suele ser un amor extramarital) el poeta oculta el objeto de su amor sustituyendo el nombre de la amada por una palabra clave (senhal) o seudónimo poético. Pero aún así y todo, en ocasiones su marido (gilós), que normalmente un noble o señor feudal, es advertido por las voces de los acusadores (lausengiers).
  • Se da una total sumisión por parte del enamorado hacia la dama. De hecho, se copian las relaciones de vasallaje de la sociedad de entonces, pero aplicadas entre el hombre y la mujer: el enamorado rinde vasallaje a su señora, a la que denomina mi dons, término feudal que significa “mi señor”. Así pues, el caballero debe servir a la dama en lo que quiera (en cierto sentido, pierde la identidad). 
  • El estado amoroso se asocia con una especie de estado de gracia que ennoblece a quien lo practica: este amor es considerado idílico y casi místico. 
  • Los enamorados son siempre de condición aristocrática. Para vivir el amor cortés es necesaria la curialitas (cortesía), es decir, nobleza, educación, un trato elegante y delicado.  
  • El enamorado tiene que seguir unos pasos para llegar a la comunicación con su inaccesible señora, después de una progresión de estados que van desde el suplicante (fenhedor, en occitano) al amante (drut), y puede llegar incluso a tardar años en conseguir a la dama.

Uno de los antecedentes literarios es Petrarca y los versos que dedicó a su amada Laura, como estos, por ejemplo:

Soneto a Laura 
No tengo paz ni puedo hacer la guerra;
temo y espero, y del ardor al hielo paso,
y vuelo para el cielo, bajo a la tierra,
nada aprieto, y a todo el mundo abrazo.

Prisión que no se cierra ni descierra,
No me detiene ni suelta el duro lazo;
entre libre y sumisa el alma errante,
no es vivo ni muerto el cuerpo lacio.

Veo sin ojos, grito en vano;
sueño morir y ayuda imploro;
a mí me odio y a otros después amo.

Me alimenta el dolor y llorando reí;
La muerte y la vida al fin deploro:
En este estado estoy, mujer, por ti.

En la muerte de Laura
Sus ojos que canté amorosamente,
su cuerpo hermoso que adoré constante,
y que vivir me hiciera tan distante
de mí mismo, y huyendo de la gente,

Su cabellera de oro reluciente,
la risa de su angélico semblante
que hizo la tierra al cielo semejante,
¡poco polvo son ya que nada siente!

¡Y sin embargo vivo todavía!
A ciegas, sin la lumbre que amé tanto,
surca mi nave la extensión vacía...

Aquí termine mi amoroso canto:
seca la fuente está de mi alegría,
mi lira yace convertida en llanto.

Jorge Manrique también compuso (al margen de sus archiconocidas Coplas a la muerte de mi padre) diversos poemas siguiendo la estela del amor cortés. He aquí dos  como muestra:

Yo soy quien libre me vi...
 Yo soy quien libre me vi,
yo, quien pudiera olvidaros;
yo só el que, por amaros, 

estoy, desque os conoscí,
«sin Dios, y sin vos, y mí».

Sin Dios, porque en vos adoro,
sin vos, pues no me queréi
s;
pues sin mí ya está de coro
que vos sois quien me tenéis.
Assí que triste nascí,
pues que pudiera olvidaros.
Yo so el que, por amaros,
estó, desque os conoscí,
sin Dios, y sin vos, y mí».



Acordaos, por Dios, señora...  
 Acordaos por Dios, señora,  
quánto ha que comencé 
vuestro seruicio, 
cómo vn día ni vna hora 
nunca dexo ni dexé 
 de tal officio. 
 Acordaos de mis dolores, 
 acordaos de mis tormentos 
 qu'e sentido,
acordaos de los temores 
 y males y pensamientos 
 qu'e sufrido.
Acordaos cómo en presencia, 
 me hallaste siempre firme 
 y muy leal, 
 acordaos cómo en ausencia 
 nunca pude arrepentirme 
 de mi mal. 
Acordaos cómo soy vuestro
sin jamás auer pensado 
 ser ageno, 
acordaos cómo no muestro 
 el medio mal qu'e passado
por ser bueno. 
Acordaos que no sentistes, 
 en mi vida vna mudança 
 que hiziesse, 
 acordaos que no me distes 
 en la vuestra vna esperança 
que biuiesse. 
Acordaos de la tristura 
que siento yo por la vuestra 
que mostráys; 
acordaos ya, por mesura,
del dolor qu'en mí se muestra 
y vos negáys. 
Acordaos que fuy sugeto 
y soy a vuestra belleza 
con razón; 
 acordaos que soy secreto, 
 acordaos de mi firmeza y afición. 
Acordaos de lo que siento 
quando parto y vos quedáys 
o vos partís; 
acordaos cómo no miento, 
 aunque vos no lo pensáys 
según dezís. 
Acordaos de los enojos 
que m'aués hecho passar 
y los gemidos; 
 acordaos ya de mis ojos, 
que de mis males llorar 
están perdidos.
Acordaos de quánto's quiero, 
 acordaos de mi desseo 
 y mis sospiros; 
 acordaos cómo si muero 
 destos males que posseo, 
 es por seruiros. 
 Acordaos que lleuaréys 
 vn tal cargo sobre vos 
 si me matáys, 
 que nunca lo pagaréys 
ant'el mundo ni ante Dios, 
aunque queráys; 
 y aunque yo sufra paciente 
 la muerte, y de voluntad 
 mucho lo hecho, 
 no faltará algún pariente 
 que dé quexa a la'rmandad 
 de tal mal hecho.
 



[1] La idea en la que sustentaba el amor cortés es que la mujer hace mejor persona al enamorado,  y le ayuda a cultivar virtudes como la paciencia o el dominio de las bajas pasiones.